“Esto no puede ser verdad” | Marcelino Álvarez | [1]

En memoria de Marcelino…

Castro de Lomba (León-España) 1946 – Madrid 2006

Dicen que una imagen vale más que mil palabras… y, la verdad que no ha costado mucho trabajo encontrar la foto “apropiada” para la ocasión. Ahí está, con su “porte” deportivo, gorra ceñida, ese gesto bonachón tan característico, en un entorno de naturaleza y, por supuesto, flanqueado por hermanos…
Marcelino, nuestro padre provincial, nos dejaba en la mañana del jueves 6 de abril de 2006. A todos nos “pillaba” la noticia en medio de una jornada de trabajo, en los más diversos “parajes” geográficos, inmersos en la actividad… y nos sacudía por dentro un incrédulo “esto no puede ser verdad”. Hermanos de la Provincia Santo Tomás de Villanueva, amigos, profesores, alumnos, en Madrid, en Granada, en muchas zonas de España, de América y del resto del mundo… la noticia corría a golpe de teléfono móvil, de mensaje de correo electrónico, de comentario en la calle. Y de fondo retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”.
El P. Marcelino tenía 59 años. Nació el 6 de octubre de 1946 en Castro de Lomba, provincia de León (España). Sus padres, Jesús Álvarez y Alcides Rodríguez. Tras los primeros años de estudios en su pueblo natal, ingresa en el seminario de la Orden de Agustinos Recoletos, donde tras los sucesivos años de formación, comienza el noviciado en Monachil, a los pies de la Virgen del Buen Consejo.
Habiendo madurado su vocación agustino recoleta realiza su profesión temporal el día 20 de septiembre de 1967, en la iglesia de Monachil (Granada-España). Tras los estudios de Teología y la profesión solemne, el 4 de julio de 1971 es ordenador sacerdote en la misma iglesia de Monachil.
La primera misión que le fue encomendada estuvo relacionada con la formación de los aspirantes a la Orden, pero sería en el colegio Santo Tomás de Villanueva de Granada donde desarrollaría sus dotes como educador, en clase como profesor, tutor y director; en el campo de juego, como entrenador; en la vida del día a día, como hermano de comunidad, compañero de trabajo, consejero, amigo.
Le llegó también el momento de servir a la Provincia y a la Orden en la difícil tarea del gobierno, primero como vicario de provincial y, más tarde, como prior provincial. El pasado 18 de julio de 2003, en el transcurso del XXX Capítulo provincial fue reelegido para este cargo, que desempeñaría hasta el próximo mes de julio, en que tendría lugar una nueva elección.
El P. Marcelino era Licenciado en Teología y Psicología, y Diplomado en Magisterio. Como gran apasionado del deporte, poseía, también, el título de Entrenador Nacional, labor que desarrolló, con creces, durante muchos años.
Y de fondo retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”…
¿Cuántas veces nos habremos reído con los comentarios en homilías y charlas de Marcelino? “Esto –decía él– es como un partido de fútbol. Están los jugadores (si eran del Barça mejor todavía) y la pelota, y vamos todos caminando hacia un objetivo común”. Y es que otra cosa no, pero espontáneo y natural, era como nadie…
Y de fondo retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”…
Pero sí es verdad, y el camino en equipo (de fútbol o no… eso es lo de menos) llegó a su meta para él, ¡y bien que llegó! Porque el sendero que deja atrás tiene mucho, mucho fruto por todos lados. La misión encomendada fue completada. Y el ejemplo legado… digno de imitar por todos.
Y de fondo retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”…
Pero sí es verdad, y no podemos deja de mirar esa imagen… recordar esa voz, muchas veces difícil de entender por lo “discreta” que era… traer a la memoria esos abrazos con esos “brazacos” que te estrujaban… Y de fondo retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”…
Marcelino, tu pérdida ha sido un duro golpe para todos los que hemos tenido la oportunidad de encontrarte, en algún momento, en nuestra vida. Pero más que llorar tu pérdida nos mueve tenerte como motivación para seguir adelante, alentados con tu ilusión y ganas de servir a Dios y a los hombres. Y hacerlo así, de modo cercano, sencillo, agustiniano.
En el fondo de muchos sigue retumbando un incrédulo “esto no puede ser verdad”… pero otra voz retumba más fuerte y nos llena de un gozo aún mayor porque alguien, a quien tanto queremos, ha llegado a su objetivo: “Tú Señor, nos hiciste para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.
Marcelino, puedes descansar en paz: seguimos tus pasos en dirección a la meta común que nos une a todos. A tus manos, Señor, encomendamos a nuestro hermano, a nuestro padre provincial, a nuestro amigo, y continuamos la misión encomendada.

 A mí, jamás se me hubiese ocurrido usar como frase recurrente “Esto no puede ser verdad”. ¡Es horrible! Recuerdo que la lectura de este texto me zarandeó; ahora, lejos ya del impacto inicial, creo que debería mejorarse. “¡Esto no puede ser verdad!” No sólo no he escuchado nunca esta expresión literalmente, sino que, además, cuesta trabajo hasta pronunciarla. En fin, “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia”.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce…

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